Un 40% de los españoles está dispuesto a pagar más por productos de empresas socialmente comprometidas. Este dato no se puede obviar y, además, nos plantea una pregunta clave: ¿cómo deben amplificar las empresas sus acciones solidarias de forma honesta y efectiva?


El dato del 40% de españoles que ven tan positivamente este valor pertenece a un un estudio elaborado por la consultora Nielsen; subraya una idea cada vez más evidente: actualmente existe una conciencia social y ambiental muy fuerte, que lleva a los consumidores a exigir transparencia a las empresas y a favorecer a aquellas que dan prioridad al cuidado de las personas y del planeta.

En países como Estados Unidos, los informes arrojan cifras todavía más contundentes. Una investigación desarrollada por Cone Communications destaca que un 87% de las personas prefiere comprar productos a compañías involucradas con la solución de los problemas que las inquietan. Más aún: el 76% afirma negarse a adquirir los artículos o servicios de una firma si se entera de que respalda una acción contraria a sus creencias. 

Estas preocupaciones de los consumidores dejan claro que cada vez es más importante para las empresas tener una conciencia social y ambiental coherente y constante. Por lo tanto, programas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) no son solo un adorno o una estrategia de comunicación o marketing: son oportunidades para que las compañías demuestren sus inquietudes por las personas y el planeta.


La importancia de divulgar la RSC

En un mundo cada vez más plural, la RSC influye en la construcción del carácter de la empresa. Ya no es posible, ni individual ni corporativamente, quedarnos indiferentes ante lo que pasa a nuestro alrededor. Así, la RSC no solo es positiva para la comunidad, sino que también tiene un valor intangible para las compañías, ya que esos programas contribuyen a fortalecer las relaciones entre ellas y sus empleados, a que todos nos sintamos más conectados con el entorno, a desarrollar políticas de transparencia con los consumidores y, muy importante, a postular las empresas como agentes de cambio. Por esta razón, la divulgación de las actividades de RSC es imprescindible, pues es la forma de convertir estos programas en gestos efectivos y relevantes. La comunicación no es un simple accesorio de la RSC; forma parte de su fuerza para modificar comportamientos y actitudes.

Es importante cuidar e implementar correctamente una política de difusión de la RSC, con el fin de explicar para qué se hace, divulgando los valores reales de la organización… pero también para compartir y explicar a los empleados, consumidores y a la comunidad en general la implicación social y ambiental de la empresa. Y, sobre todo, para cumplir quizás la misión más impactante: convertir la RSC en un factor de cambio.

Este es el camino fructífero de la relación entre compañías y sociedad, haciendo crecer la RSC para conectar los intereses de las empresas con los de la comunidad. La idea es que los objetivos de ambas partes se refuercen mutuamente y, a la vez, que la divulgación de la RSC se encuadre dentro del plan global de la corporación: tanto las acciones de comunicación como la propia RSC formarán parte del auténtico ADN de la empresa. La difusión es un elemento clave a la hora de ayudar a educar y modificar el comportamiento de los clientes y de la sociedad para apoyar una vida mejor, más justa y sostenible. Además de transmitir información a los stakeholders, se ponen en valor las acciones y se despierta la conciencia social y ambiental de las personas.

Por todo esto, es imprescindible seleccionar de forma adecuada los canales de comunicación a nuestra disposición para alcanzar una divulgación efectiva y transformadora. En ¿Cómo divulgar las actividades de responsabilidad social corporativa? desarrollamos esta idea, destacando varios canales y herramientas que nos ayudan a poner en valor las actividades de RSC. Haz clic aquí para saber más.



ARTÍCULOS RELACIONADOS