La transformación digital está repleta de retos pero, sobre todo, de oportunidades. Posicionar al usuario como centro de la estrategia es una de las claves que cualquier empresa debe tener en cuenta si quiere seguir innovando.


Nos encontramos inmersos en el desafío de la transformación digital. No es ya una cuestión opcional: los clientes han pasado irremediablemente a ser usuarios. Sin embargo, no es la única modificación a la que debemos ser capaces de amoldarnos: el usuario ya es el centro de toda estrategia empresarial, incluso por encima del producto, que ha dejado de ser “el rey”.

Lo mismo sucede con la empresa en sí y su organización: hoy más que nunca el valor son las personas. Su talento y capacidad de adaptación a entornos cambiantes son activos a valorar y a cultivar.

Porque esto de la transformación digital no va solo de tecnología disruptiva, sino del talento de las personas para sacarle partido. Y de saber rodearse de buenos colaboradores, como pensaron los responsables de Ibermedia a la hora de pedirnos solución a su necesidad de hacer partícipes de una serie de conocimientos a los miembros de una comunidad presente 20 países diferentes.

 

El usuario en el centro de la estrategia

No solo hay que tener en cuenta a los usuarios, hoy en día debemos involucrarlos incluso en los procesos de innovación que desarrollemos. Es la llamada ‘user innovation’ –o innovación del usuario–, tendencia que propone a las empresas que sean permeables a sugerencias propuestas por los usuarios.

Este nuevo modelo supera al tradicional, donde los “productores” eran inevitablemente desarrolladores. La ‘user innovation’ implica que los usuarios también impulsen la innovación para ellos, en lugar de intentar innovar como siempre desde el laboratorio o con empleados de la compañía. Raquel Roca, autora del libro ‘Knowmads: los trabajadores del futuro’ lo explica muy bien en este artículo en El País Retina.

Estamos en la época de la co-creación, del ‘crowd-todo’, y la economía digital aporta herramientas a través de las que materializar procesos como estos. Hasta ahora el Marketing iba de “colocar un producto”. El paradigma ha cambiado y es el cliente quien sabe cómo quiere que sea el producto que cubre su necesidad y, si pones todo lo que esté en tu mano por escucharle, puedes incluirlo en tu portfolio de productos o servicios.

Eso sí: debes tener la mente abierta y aceptar esas sugerencias, incluso cuando supongan un cambio diametral en la propuesta de valor de tus productos y servicios. Tu propuesta de valor, de hecho, debe ser la capacidad de mutar cualquier cosa en pos de cubrir la necesidad del cliente.



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